Yo: ante tí me presento,
desnudo de cuerpo y alma,
desvestido de mis ropajes
param en nombre de la humanidad,
humildemente pedirte perdón por todos
los males que te estamos haciendo.
Perdón por envenenar
las venas de tus rios
que van a morir al mar;
perdón por desgarrar
tus verdes pulmones
que nos regalan el oxigeno
para convertir el suelo
en una fría e inhóspita jugla
de cemento, hormigón y cristal;
perdón por trepanar tus entrañas
para robarte ese oro negro
que tu, tan celosamente, cobijas;
perdón por envenenar el aire
cambiando el oxigeno de vida
por sucía y malsana polución...
Por todo esto te suplicamos
perdón por ser como somos;
moribundo planeta
Mi edén particular
no está detrás de siete cielos,
si no que está en la tierra;
en la mirada tranquila
de un anciano venerable
ya en el invierno de su vida;
en el dulce y mágico sueño
de un sonriente niño dormido
soñando con mundos de caramelo;
en el inocente duelo de miradas
de dos pupilas adolescentes
que, en silencio, gritan "¡¡TE QUIERO!!";
en esa rosa que, cada amanecer,
lentamente abre sus pétalos
para que los bese el rocio.
Aqui, en las cosas sencillas,
es donde, en realidad, está
mi edén particular

Compañero que, indiferente,
ves pasar la vida ante tus ojos
queriendo gritar "¡LIBERTAD!";
compalero aletargado
en la mágica utopía
de mil Primaveras libres;
solo nunca coinseguirás
realizar este sueño,
uneté a nosotros;
somos un pacifico ejercito
que jamás escuchara
a un señor de la muerte;
nuestra única arma será la Paz
y llevaremos, como estandarte,
a la Libertad tatuada en el corazón
Compañero; abandona ya
tu estéril y solitaria lucha;
empapaté de solidaridad y ven
a conquistar, día a día, nuestro ideal
Compañero que un amanecer
sentiste encenderse en ti
una libertaria llama
transformandote en su profeta
para proclamar a los cuatro vientos
lo que tu corazón te estaba dictando;
coge, hoy, mi mano y miremos
con esperanza al nuevo día
en el que un brillante arco iris
sé pintará en el azul del cielo
e iluminará el cercano amanecer
que, lentamente, se despereza.
Piensa que la victoria será nuestra;
porque, ese amanecer, ya despierta;
guerrillero dormido; compañero
¿Quien, con quince años,
no sintió como se encendíael amor en su corazón,y escribió un poemaconjugando un "Te Quiero"con una lagrima por un adiós?¿Quién, entonces, no soñócon alcanzar el azul del cieloal perderse en sus pupilassintiendo despertar en su seruna nueva y maravillosa ilusiónque del alma y el corazón le brotaban?¿Quién?; ¿Quién no lo hizo?;¿Quién no sé dejó llevarpor ese primer amorque en su pecho latíacreyendo que el sol besaríatan solo por una sonrisa suya?¿Quién no escribió esa cartaque hoy, dormida en un cajón,nos hace sonreír con dulzuray nos devuelve a la adolescenciacuando teníamos tanto amor que daren nuestros corazones, aún de niños?
Su padre era "Er Duende";
su madre una guitarra
cantando por Soleá;
ella camina por la calle
meneando sus caderas
al són de un martinete.
Tiene la noche en los cabellos,
las estrellas en su mirada
y un rojo clavel por labios;
morena de lunas
tiene el corazón de sal
y el alma de verde olivo.
Allí por donde pasa
va rompiendo corazones
con sus ojos de lucero;
coleccionando amores
mientras va tarareando
una ancestral buleria
Se está muriendo el día;
el cielo, antes azul, extiende
su negra y mágica capa de estrellas;
confundido con las olas, en la lejanía,
se escucha a una fuentecilla canturrear
su eterna y alegre canción.
El aire viene perfumado
con calidos aromas
a romero, yodo y azahar
y, en la fresca hierba
un coro de cigarras y grillos
le están rondando a la luna.
Todo esta en paz,
todo traquilo,
todo es silencio;
que solo lo rompe
el rasgueo de una guitarra
que bordonea en las sombras
De la negra noche despierta el alba;
en el negro cielo se empìezan a dibujar
los más puros colores del amanecer;
mientras que, en la suave brisa,
se mece el tañido de una campana
que, alegre, saluda al nuevo día.
A lo lejos, en el horizonte
el Astro Rey resurge victorioso
de su batallas contra las sombras:
y las olas, galantes, besan
los primeros rayos de sol
que están dorando la arena.
En el vaivén del aire
un corro de gaviotas dibujan
mil libertarios sueños...
De la negra noche despierta el alba;
se va desperezando la claridad
abriendose como una rosa al rocio
En un rincón del callejón
una guitarra suena
elevando su "Quejio"
que, como una oración,
saluda a la luna llena
que se despereza en silencio.
Trás una reja florida
una madre canta una buleria
para a su niño dormir
"Duermete ya mi vida;
duerme, prenda mía
mira que las estrellas van a salir".
A la tenue luz de unos farolillos
las manos de unas niñas revolotean
como paloma con las nubes jugando;
mientrás que unos chiquillos
que, con palmas las jalean,
de ellas se están enamorando
Callejones de mi Andalucia;
callejones de rincones encantados
donde cantan los gorriones;
callejones pintados de blanca alegria
con sus patios floreados
donde se enamoran los corazones
El día en que te fusite
cuatro corceles negros
por los olivares galopaban;
la luna desnudo su traje de plata
y, vistiendose de negro luto,
vió llorar a Granada entera.
Las claras aguas del Darro
de rojo intenso se tiñeron;
como la sangre que manaba
de los dos luceros rojos;
uno en tu sién, otro en tu pecho
que en tu cuerpo florecian.
Atrás ya quedaron
almas de charol y hielo
al gitano persiguiendo;
porca cabezas uniformadas
no podian permitir que el poeta
del Cale fuera hermano.
Adiós sol de Andalucia,
adiós luna plateada
que de nacar al gitano bañas.
Adios Zambra del Sacromente;
adiós Federico...
¡Hasta siempre; Garcia Lorca!
FERERICO GARCIA LORCA
(1896 - 1936)
POETA
El niño se despertó
en mitad de la noche
al sentir el temblor
de cuatro corceles negros
que, enfurecidos, galopaban
dejando un rastro de destrucción.
Por una ventana vió a Marte invicto
vestir sus ropajes de guerra
y enlodar la tierra con su ira;
presa del panico el niño huyó
para ver como un siniestro monje
se iba aduelando de las sombras.
Las fuerzas del mal se desataron
cuando Eolos auyó con furia
y el cielo escupìó fuego.
El niño vió que la fresca hierba
donde el, anter, retozaba
ahora era tierra quemada;
y no pudo compreder el ¿Por qué
un sabio loco pulso el rojo botón
que condenaba a la humanidad?
En un claro del bosque
el niño vió una multitud
elevando sus plegarias al cielo;
pero ya era demasiado tarde
y, el monje descarnado,
se apresuraba a devorarlos;
en un refugio se cobijó
y deseó para siempre dormirse
al comprender la cruda realidad;
era el unico superviviente
de un moribundo planeta
y el estandarte de su necedad
Yo: la, antes llamada Libertad,
hoy pisioteada y asesinada
por necios siervos del poder
quiero hoy manifestar
que me asesinaron locos profetas
aliados con señores de la guerra
y que dejó mi llama en herencia
a los que luchan y a los nque murieron
con mi nolbre entre sus labiosM
ellos, con las nuevas y libres generaciones,
serán lso albaceas testamentarios
de las mil Primaveras qaue atesoré;
para que un día, como el Ave Fénix,
resurja, de nuevom en la tierra
bajo un sol de esperanza;
cuando. sobre el azul del cielo,
resurja como rayo luminoso
la blanca paloma de la Paz
Fuiste princesa de una casa bien;
la unigénita mimada y consentida
de una familia adinerada;
todos tus sueños e ilusiones
al segundo eran complacidos
sin, tan siquiera, mirar su precio;
pero tu te sentías prisionera
encerrada en tu preciosa jaula
de oro, zafiros y turquesas.
Un día quisiste probar algo nuevo
que te hiciera alcanzar esa Libertad
que tu, tanto tiempo, habías ansiado;
y, pensaste, que lo habías encontrado
al sentior como un loco Pegaso Blanco
galopaba, desbocado, por tus venas.
El te elevo hasta el cielo,
te hizo besar las estrellas
llevandote a su paraíso;
pero no quisiste darte cuenta
de que solo era un espejismo
y te precipitaste al vació
Balada para una gaviota
que, buscando Libertad,
dejó comodidades y riquezas
para mendigar en una esquina
Cuando, al final, descubriste
que en realidad te esclavizaba
quisiste dar marcha atrás;
pero tu billete había caducado
y, con las venas quemadas,
no podías volver al camino;
estabas al borde del abismo
y, con los ojos vendados,
caminabas hacía tu fin.
Ya todo cambio para ti;
pues solo podías seguir
dependiendo del proximo Pico;
eras una marioneta sin cuerdas,
una barquichuela que zozobra
acosada por la fuerza del temporal
Y, una noche, te pasaste,
te metiste más de la cuenta
y, a tu vida, le pusiste punto y fin
en un solitario y lóbrego callejón
con la jeringuilla tatuada en el brazo
y el alma cabalgando entre nubes